lunes, 13 de marzo de 2023

Olvido

 

Apenas descubro la aurora de tus promesas falsas,

un vaho de melancolía empaña la ventana por la que contemplo

el jardín aquel, donde una vez brotaron fértiles “te quiero”.

El jardín aquel ahora se encuentra invadido por una maraña de angustia,

mezclada con desidia que nunca pudo desbrozarse de tu pecho.

Y las ingratas flores que esparcen su polen, aburren a las abejas

que pierden el tiempo recorriendo las hojas del cuaderno

donde tu último verso juraba nunca olvidarme.

Yo lo he cumplido a pesar de ya no tener tu retrato colgado,

no he dejado de escribir que viviremos eternamente atados

a pesar de estas mañanas indistintas, porque en todas falta tu razón.

La calle

 

El invierno es ideal para volver

a esa calle añeja de nostalgia.

Caminar de nuevo por banquetas

carentes de prejuicios, mientras

el polvo se asienta en añoranzas

de juegos infantiles y regaños

de mamá por llegar tarde.

Ecos de canciones que alegran

al vecino de acento tropical

mientras la agónica tarde

se rebosa de olor a café colado.

La calle y sus inquilinos,

seres de cabello hirsuto

y rodillas laceradas, son

la extensión de tu familia.


El invierno ya se acerca

pero ahora los nietos

se inhiben ante ese venero

de aventuras que es la calle.

Olvido

  Apenas descubro la aurora de tus promesas falsas, un vaho de melancolía empaña la ventana por la que contemplo el jardín aquel, donde ...