martes, 22 de septiembre de 2020

Agreste

A Tacho Arce

 

Las suelas de las teguas gastadísimas. El ir y venir entre cerros para buscar la chiva perdida sea tal vez la causa. O porque desde los diecisiete años es su único calzado. El mismo que usa para acudir cada año a la misa y baile el Día de Santa Gertrudis. Todo puede ser posible. Han sido tantas las idas a las cuevas pintas a llevar turistas, a San Gregorio a visitar a la Tía Micha, a El Arco a buscar oro. La última vez hasta Santa Rosalía para acompañar a un pariente enfermo. En la sala de espera del Hospital General fue donde miró a Joaquín Pardavé, encarnado en el Baisano Neguib, señalar aquello de “te quiero más que a mis zapatos viejos”.  Tacho no quiere otros zapatos. Por eso las botas, regalo de aquel gringo que llegó hasta la merita sierra a buscar la tumba de su nana, siguen debajo de su catre. Ese gringo morenito, Damián se llama, que mastica tan bien el español, que sus orígenes  ̶ según ̶  se remontan acá, pero no ha visto las ballenas de Ojo de Liebre, jamás ha comido pitahayas y menos montado una bestia. ¡Vaya raíces! Gringos llegan muy seguido a ver las pinturas, pero esos si son güeros y hablan inglés, aunque no soportan dormir dos noches en el monte. Se espantan con el rugido del león. No distinguen una cascabel de una chirrionera. Sólo han de beber agua de botellita, no como uno que lo hace directo del aguaje (ahí abreva también el venado y el coyote), por lo que no es raro ver saltar una rana de vez en cuando. Pero hasta hoy no existe aquel que no admire el cielo cuando se inunda de estrellas, que no se asombre de las palmas reales que rompen la piedra para arrullarnos en las tardes bochornosas. Del cirio tan horrible que se transforma en verano con sus flores blancoamarillas. Todos los que vienen a la sierra traen botas especiales para ese andar agreste. Todos regresan con los pies ampollados. Por eso Tacho no quiere otros zapatos.

lunes, 21 de septiembre de 2020

El Colegio (minificción)

Ejercicio realizado para el taller de creación y análisis literario "La Serpiente", sobre una noticia relevante. Elegí una que sacudió a México entero. Un adolescente de un colegio privado de Monterrey, disparó sobre sus compañeros y maestra Un estudiante dispara sobre sus compañeros, para después pegarse un balazo que terminó con su vida. 

El Colegio.

Había terminado de cepillarse los dientes. El sabor de la menta le resultaba muy desagradable, pero al parecer a mamá no le importaba cuando le pedía de otra marca cada que iba al súper. Se secó las manos y dejó tirada la toalla en el piso a manera de venganza e imaginó el coraje cuando ella entrara para limpiar el baño. Ya te he dicho mil veces que la pongas en el cesto, le gritaría al regreso. Un día antes había dejado en el excusado una muestra pestilente de sus evacuaciones, en represalia por la enésima negativa al cambio de escuela. Dos semanas sin el Xbox fue el castigo.

Regresó a la habitación y fue hasta el escritorio para apagar la computadora, pero cinco notificaciones en su muro de Facebook hicieron que su rostro adquiriera una mueca que iba más allá de la rabia. Aún así entró. Una imagen de uno de los enanos de Blanca Nieves fotochopeada con su rostro más los comentarios burlescos, todos compañeros de clase. No soportaba que le llamaran zotaco o tapón de alberca. Tampoco había hecho el intento siquiera de bloquearlos, como a diario le aconsejaban otros a quienes si consideraba amigos. Si los elimino, se me olvidarán todas las cosas que me hacen, era su pretexto.

Vinieron a su mente los actos de acoso y bullying sufridos desde que lo inscribieron en ese maldito colegio. La vez que lo amarraron a un árbol durante el recreo para fusilarlo a pelotazos, después lo metieron al contenedor de basura y lo hicieron rodar por las escaleras de edificio de Dirección o cuando lo desnudaron para hacerlo correr dentro de la Biblioteca. Son juegos de jóvenes inquietos, no se preocupe lo vigilaremos con extremo cuidado, había dicho la trabajadora social a su padre la única ocasión que acudió a denunciar los hechos.

Otro grito de la madre para anunciarle que ya estaba listo el carro, que se apurara. Dejó un mensaje en su muro y lo cerró para luego ir hasta el clóset. La rabia se esfumó dando paso a un sosegada sonrisa. Tomó la 22 y la metió a la mochila. No quiero llegar tarde.  

viernes, 18 de septiembre de 2020

Microficciones de cuarentena

I

¿Qué es lo esencial?

Una cobija cuando dejas abierta la ventana por la noche,

lo que hurgan los perros callejeros en la basura,

policías acosando en la esquina al que no usa cubrebocas,

mezcal para el teporocho a las siete de la mañana.

Eso lo decide cada quien.

 

II

No ha pasado el camión del gas.

¿Acaso es esencial bañarte con agua helada?

 

III

Libros que esperan, acumulando polvo y caca de mosca.

Los colocaré a un lado del vino que aún sobrevive a la ley seca,

al menos sentirán esperanza cuando vean acercarme.

Igual los seguiré ignorando.

 

IV

La rigidez que dura cuatro segundos, tal vez cinco.

Vencer el insomnio a como dé lugar. 

 

V

Camino al trabajo, lo esencial es buscar un café.

Solo encuentro gestos, tan duros como el concreto de la calle que cruzan.

Hoy no hay chavales de uniforme verde y mejillas brillosas rumbo a la escuela.

Soñar con unos burritos de machaca y que un claxon te despierte

porque cambió la luz verde.

 

VI

Me deshice de la televisión.

Siguen las redes sociales.

Bueno sí, un día de estos.

Un día de estos ¿okey?


VII

Nombre y número de empleado, me preguntan al llegar al trabajo. Treinta y seis punto cinco marca el termómetro. No presento síntomas. Al chingazo. Ya casi se acaba el gel antibacterial y el cubre bocas es una turba de gérmenes enfiestados cada que exhalo, pero apenas lleva un par de semanas de uso, no es momento para quejas, puede aguantar otra más. La suela de las botas están derritiéndose de tanto cloro, pero así es el protocolo. ¿Has viajado al extranjero últimamente? Pues no, en los últimos cuarenta y cinco años no he viajado al extranjero. Pinche vergüenza. Que tengas bonito día.

 

VIII

¿Por qué el amor no tiene servicio de entrega a domicilio?

 

IX

En la oficina también practico la sana distancia, pero hasta pasadas las diez de la mañana. Antes tengo que tomar un café –si se atraviesa una galleta mejor- y ponerme al tanto de las noticias y chismes: Que si cuantos contagiados van, que si se aplanó la curva o que ya están probando una vacuna en changos. Lo de siempre pues, solo que hoy el café quedó muy malo.

 

X

Decreto que se queden en casa, menos tú. La esencialidad que le dicen.

 

X

Debería inventarse un coronavirus para perros, así los siete que deambulan por el edificio, tendrían que confinarse y dejar de orinar las llantas del auto.

 

XI

Una vez que pase la pandemia, todos vamos a necesitar nuevas manos.

Que sean resistentes al alcohol de preferencia.

 

XII

Supe por fin de alguien conocido que se contagió de coronavirus. ¿Está bien si lo presumo en el feis?

 

XIII

Imaginen la vergüenza cuando el History Channel, transmita un especial sobre la pandemia en el Mundo y vean que en México nos contagiamos gracias a nuestro gusto por la pizza gratis.

 

XIV

Día treinta y cuatro de la cuarentena y aún no me deshago de las redes sociales.

 

XV

Ya le dije a mi hija que no se preocupe, el coronavirus no nos va a volver zombis.

 

XVI

Esto del home office nos está afectando más de la cuenta. Ahora la coperacha para el café la hacemos entre cuatro.

 

XVII

Recuérdenme que para las reuniones por videoconferencia, no es necesario usar el cubre bocas, menos si ya lleva tres semanas de uso. 

Tu sonrisa (Iniciación a la poesía)

Tu sonrisa, ese pez de agua dulce

que desova entre piedras,

apenas recibe destellos matinales.

Refulgente gesto

fecunda el cauce

con limo abundante de labios,

vertiente sin dique

que la pueda contener.

Tu risa es un lirio en el pantano,

emerge de entre los despojos

de aves, que viajan al norte.

Tu sonrisa es cúmulo de nieve

que tapiza mi congoja,

desborda el aliento

que propicia mi vida.

Entorno (Iniciación a la poesía)

El cacto es testigo firme,

posa la vista sobre el arroyo

donde lavas anteriores culpas.

El cardo arremete inclemente

sus brazos te apresan

sin que muestres signos de angustia.

Guayacán, corazón de piedra

sumiso ante sus palabras melosas

recibes amoroso en las horquetas

su voluptuosa pretensión,

el nido donde habrá de albergar

el producto del fecundo verano. 

jueves, 17 de septiembre de 2020

¿A que le temes cuando se apaga una luz?

 Luna que vuelve al umbral

para atormentar sueños.

Silencio de hojas

que dormitan y apaciguan

al ave en su nido.

Frío que transita arrebatado

y pernocta en tus pies,

rescoldos que murieron

dos noches atrás,

impregnan las sábanas

que añoran tus sudores.

Fluye la tibia sangre,

sonrisa ausente en el espejo.

Le temes al canto del gallo

Que anuncia la hora de regresar

a tu lúgubre morada.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

La visita del INAH

Salí muy temprano del campamento, porque quería llegar con tiempo suficiente a la pista aérea de Guerrero Negro, a la que los lugareños eufemísticamente siguen llamando aeropuerto. Un día antes había viajado desde Puerto San Carlos hasta ese lugar en el Valle del Vizcaíno, donde instalaríamos una central eléctrica. La comisión consistía en acompañar y apoyar a un par de arqueólogas del Instituto Nacional de Antropología e Historia, quienes realizarían una visita de inspección al predio de dicho proyecto, para verificar que no existieran vestigios arqueológicos. Son dos morras muy guapas, me había dicho esbozando una risita maliciosa el residente de obra.

Llegué mucho antes de la hora programada de aterrizaje de la avioneta que venía desde Hermosillo. Uno de los empleados de la aerolínea (sic) al verme, me informó que para colmo, traía un retraso como de dos horas, así que aproveché para ir al pueblo a desayunar. Lo hice en un puesto de tacos de pescado sobre la avenida principal -boulevard en lengua nativa- y como aún tenía holgura de tiempo, busqué un car wash, para darle una “chainiada” a la camioneta. Ya limpia y reluciente la 4x4, me dirigí de nuevo a la pista. Pasaba de medio día. De nuevo el empleado se apresuró a decirme que en quince minutos arribaría el avión (resic). Pasado ese tiempo, pude ver en el cielo la Cessna Caravan de 12 plazas y como tomaba pista y yo imaginando que se iba a destartalar.  Por fin se estacionó frente a lo que se podría llamar el edificio terminal, una caseta de madera donde estaba el radio de comunicación con la torre de control hermosillense y yo me acerqué lo más que pude para divisar a las arqueólogas. Fueron uno a uno bajando los pasajeros y no miraba ninguna mujer joven. Hasta el final, aquí comprendí la risa de mi jefe, descendieron de la nave dos señoras, calculé de alrededor de sesenta años y dije son ellas. De inmediato también pensé que la visita de inspección que según agenda de trabajo sería hasta el día siguiente, se llevaría a cabo muy rápido, ya que al ser finales de agosto, el calor en el desierto en esas fechas ronda los cuarenta grados centígrados. No creo que aguanten recorrer las cuatro hectáreas del terreno dije entre mí mientras me acercaba a ellas para darme a conocer y ayudarles con su equipaje.

Las maestras Margarita Carvallal y María Antonia Moguel me sorprendieron gratamente. Después del protocolo de las presentaciones, preguntaron sobre el predio al que iban a inspeccionar. Está como a cincuenta minutos les respondí. Pues hay que aprovechar lo que resta del día, ordenó Carvallal, quien era subdirectora de salvamento arqueológico y de rango superior a Moguel. Antes les advertí que había que trasladarse hasta el Vizcaíno y volver ya en ese lugar no había hoteles donde pernoctar. Con mayor razón hay que apurarse ingeniero. Pasamos primero por una tienda y compramos unas botellas de agua y algo que muelear ya que las maestras habían desayunado tempranito en la capital sonorense. Tomamos la carretera y en tiempo record estábamos en el predio. Durante el trayecto, pude presumirles mis vastos conocimientos de región y del proyecto que próximamente iniciaríamos, mismo que iba a satisfacer la demanda eléctrica de una zona que ya empezaba a mostrar su potencial agrícola. Ya en el lugar de la visita, un predio que había sido utilizado como agostadero por los ejidatarios y que el gobierno federal expropió a principios de los años noventa para la instalación de la central, la primera impresión de las arqueólogas es que no tendrían mayor problema en dar su visto bueno, a reserva que mañana, con más calma, podamos recorrer con mayor detenimiento y verificar que no hay vestigios, sentenció Carvallal. La maestra Moguel, más relajada y con mayor sensibilidad, me comentó, bajita la mano, que no me preocupara, que Magui siempre se muestra así de estricta y que sin duda el proyecto avanzará sin problemas de su parte.

Después de casi tres horas regresamos a Guerrero Negro. Les presumí que las llevaría al mejor lugar para comer en el pueblo, el Malarrimo, que a su vez ofrecía un hotelito bastante aceptable. Nos registramos y quedamos de vernos en media hora, tiempo que aproveché para reportarme a mi casa y a la oficina. Sobra decir que las maestras quedaron encantadas con la comida. Pulpos a la española, lenguado al mojo de ajo y callos mano de león, rociados con un vino de Ensenada que según les acababa de llegar. La sobremesa giraba alrededor de la historia de la California auténtica, las leyendas de Calafia, los cochimíes y sus pinturas rupestres, las  misiones de Kino y Salvatierra,  los viajes de Sebastián Vizcaíno, hasta que el mesero nos invitó a pasar al bar contiguo, adornado por una gran cantidad de objetos, todos recogidos en la legendaria playa de daba nombre al local. Este nos contó la historia de una niña de Alaska que arrojó una botella con una carta y que fue encontrado precisamente  ahí después de muchos años. Se dice que ya convertida en una mujer adulta, vino a conocer la población donde llegó su mensaje. Para este momento, debo decir que estaba encantado de hacer este viaje, no solo lo que representaba en términos laborales, sino  que empezamos a tejer una relación muy cordial entre las maestras y yo. Vamos a descansar Toña y dejemos que también lo haga el ingeniero ya que mañana hay que salir temprano. Ambos acatamos la orden de Carvallal. Que pasen buenas noches, fue mi despedida.

Una fresca mañana nos recibió en Vizcaíno. Les entregué a las arqueólogas los planos del arreglo general de la Central y del levantamiento topográfico para que se ubicaran. Un poco menos de la mitad ya estaba alterado por actividades humanas, incluso en la esquina noroeste había una pila para almacenar agua y tres cimentaciones para tanques. Acordaron discriminar esa zona por obvias razones, así que nos enfocamos a la parte enmontada. Elegí acompañar a Carvallal por la zona norte, mientras que Moguel se encargó de la sur. Margarita me fue platicando sobre las costumbres de los grupos originarios de estas latitudes, sus costumbres y sus hábitos centrados en una vida nómada donde las mujeres y niños eran quienes se encargaban de procurar el alimento. Mientras caminábamos pudimos observar tiraderos clandestinos de basura, esqueletos de reses, una vieja estructura de lo que fue una estación meteorológica y no pude dejar pasar la oportunidad para ofrecerle  una pitahaya agria de las muchas que estaban ya floreciendo pero no quiso probarlas.se negó. En ese instante se detuvo repentinamente, inclinándose para recoger algo  que estaba semienterrado. Era una especie de disco blanquecino de unos siete centímetros de diámetro. Le brillaron los ojos a Carvallal. Toña ven rápido, gritó emocionada mientras yo trataba de ubicar a Moguel. Esto es una evidencia de que posiblemente este lugar haya sido asentamiento de grupos cazadores-recolectores, trataba de convencerme mientras yo le pedía amablemente me permitiera ver el objeto. Toña que te apures mujer, gritaba sin que la segunda arqueóloga se apareciera. Insistía a la maestra que me dejara ver el objeto, porque me parecía imposible que hubiera evidencias arqueológicas en ese lugar. Carvallal por su parte seguía buscando más objetos que comprobaran su teoría. Por fin se apareció Moguel y hasta entonces supimos la razón de su tardanza. Estaba muy ocupada comiendo pitahayas. Debieras probarlas Magui, están riquísimas respondió. Mira Toña lo que encontré, ayúdame, quizá logremos ubicar algunos “corralitos”. Me explicaron que los antiguos californios construían una especie de alojamiento, consistente en una formación circular de rocas, donde se reunían a comer y a pasar las noches. Pues yo he recorrido este predio ya varias veces antes y no he visto esos corralitos, les dije y fue hasta que Moguel tuvo en sus manos el extraño objeto que pude verlo de cerca y le pedí que me dejara revisarlo. En cuanto lo tuve en mis manos, supe que Carvallal se llevaría una gran decepción. Lo revisé por ambos lados y uno de ellos, que no estuvo en contacto directo con el sol, aún se podía apreciar la figura de un Looney Tunes. Le dije a Moguel, maestra este es un tazo de los que salen en las Sabritas. Y bastó un poco de fuerza para que se partiera por la mitad. Casi le da un infarto a Carvallal cuando vio esta acción. Por Dios, que acabas de hacer me dijo en tono arrebatado. Traté de explicarle lo más serio posible, de que se trataba su descubrimiento. No me extraña que haya estas cosas por aquí si hay una gran cantidad de basura le explicaba, mientras que Moguel trataba de apoyarme ya que ella también lo notó al instante. Mis nietos los coleccionaban cuando eran más chicos le dijo como tratando de olvidar el asunto. No muy convencida, Carvallal seguía observando las dos partes de aquel objeto, tratando de convencerse de no haber hecho un terrible ridículo. Que te acompañe el ingeniero a revisar tu zona Toña, fue la orden.

Así continuamos hasta casi las dos de la tarde, hora que concluimos el recorrido y nos reunimos en la entrada del predio donde dejamos la camioneta. Les sugerí buscar un lugar para comer ahí en Vizcaíno. Prefiero aguantar otra hora y comer en Malarrimo, o como ves Toña, preguntó Carvallal. Sí Magui, vamos a comer allá, es deliciosa la comida. Regresamos y durante el camino Moguel me fue platicando sobre su anterior campaña de salvamento arqueológico en Huimanguillo, Tabasco. Nombre ingeniero, allá sobre el trazo de la línea, encontramos muchos vestigios, por eso en la CFE no nos quieren, que les retrasamos los proyectos se quejaba. Llegamos al restaurant y esta vez fue sopa de mariscos y callos empanizados. Como veníamos un poco asoleados, pedirnos cerveza para acompañar los platillos. Al igual que ayer, la sobremesa la hicimos en el bar y como la misión ya estaba cumplida –obtendríamos la anuencia- la prolongamos hasta ya entrada la noche con una entretenida plática. La maestra Carvallal, ya con unos tequilas en su haber, se disculpó por el incidente mañanero. No se preocupe maestra, a veces la pasión nos gana, dije a manera de consolación. Así terminó el día, despidiéndonos y quedando de acuerdo en aprovechar la mañana para hacer un recorrido por las instalaciones de la Exportadora de Sal que nos ofrecieron en el hotel.

Tuve el placer de volver a acompañar a las maestras en dos proyectos más, en La Paz y Santa Rosalía donde si ubicamos corralitos, pero como dijo la nana Goya, esa es otra historia…

  

martes, 15 de septiembre de 2020

Mi rivales son extraños

Mis rivales son extraños

 imposible competir así.

Será que convives más con ellos.

Todo el tiempo cantan,

bailan, te divierten, los sigues

embobada sobre la pantalla,

a pesar del regaño de tu madre

mientras me consuela a la distancia.

 

Mis rivales son fuertes,

pero se rinden cuando vamos al parque

y corres para ganarme el columpio,

se someten al pasearte en bicicleta

llenándonos de sol y helado de vainilla.

Son feroces rivales,

sin embargo capitulan bajo los trazos

multicolores del caballete

alquilado cualquier tarde de domingo.

Alardeo como los dejo humillados

sin esperar contrataque.

Al menos hasta terminar las pompas de jabón

mientras cuentas del uno al diez.

 

Esos rivales, aguerridos como pocos,

sucumben cuando moldeo para ti

un corazón de plastilina.

Júbilo siento por verlos vencidos

ante la humeante sopa de letras,

sometidos al fresco chapuzón

en la alberca inflable.

 

Son mis rivales,

sin embargo me uno a su bando

cuando llega la hora de dormir.

Comparto la cobija con los unicornios

para arrullarte entre nubes

con el niñito Jesús.

Tengo que claudicar unas semanas

para trazar nuevas estrategias.

Me llamas papá

Me llamas papá
mientras moldeas nuevas travesuras
porque olvidaste las primeras,
ahora paredes y  demás muebles
son damnificados de tu cajita de crayones.
Me llamas papá en tanto mutas
para dejar de ser la dócil víctima.
Pocos valientes invaden tu espacio
por que terminan siendo un registro más
en la hoja de reportes
-se mezclan orgullo y bochorno-
Me llamas papá en lo que me inicias,
en el complicado arte de ceñir tus insolentes rizos
sin que medie un lloriqueo.
Me llamas papá en tanto busco
la manera de convencerte
que existen más colores que el achul
                                   y escapas,
para ir detrás del vecinito que viene a sonsacarte
y dejarme sin mi avioncito humano.
Me llamas papá y tu madre se encela,
aunque desconoce que para ti
es menos complicado lo labial que lo nasal.
A tu hermana parece no importarle,
pero disfrutaré cuando venga para acusarte
porque le robaste el maquillaje.
Me llamas papá y me ganan las prisas
para terminar este poema, que solo intenta expresar
cuanto te amo mi princesa.

lunes, 14 de septiembre de 2020

Un niño derriba el panal de las palabras

Un niño derriba el panal de las palabras,

revolotean en sus labios afanes,

con el bullicio recién descubierto se empalaga,

sin el temor a los aguijones del silencio.

 

El niño rompe la cerca que lo recluye,

brío de escasos años que ahora

cabalga en el campo minado de flores,

a pesar del inicio tambaleante.

 

El niño inunda con risas la senda

que lo lleva hasta la fuente de vida

calor de sol que lo aviva,

calor de madre que lo arropa. 

Calambur (Iniciación a la poesía)

 El silencio reina

                -de corazones-

apuesto al olvido mis restos,

ha puesto el olvido sin revire

sus naipes sobre la mesa.

Cuando llega el descarte

el diamante aflora en escala,

derroto al orgulloso rey,

de roto por tu abandono

abdica a tu memoria.

Tres veinticinco


El frío de la madrugada y los ladridos del pinche perro del vecino me despiertan. Tres veinticinco de la mañana. Quién me manda dormir con la ventana abierta, pienso enseguida. Me sorprende que siga sonando la banda sinaloense por la calle de atrás de mi casa. Caminos de Michoacán. Prefiero tomar la sábana y cubrirme, que levantarme a cerrarla. En la televisión -olvidé programar el apagado- pasan una película mexicana sobre un sicario dizque famoso. Un churrazo. Desde que llegué a casa a eso de las siete de la tarde, ya se escuchaban los acordes de la tuba, las trompetas y los clarinetes. La yaquesita y otras por el estilo. De pronto me doy cuenta que me gusta un poco la música de banda, así sin vocalista, de viento que le dicen. Pero ya son las tres veintisiete no mamen, en un rato mas tengo que levantarme para ir a trabajar. Vuelta sobre la cama, el perro menos mal ya no ladra. Busco el control remoto para apagar la tele. Al rato voy a andar valiendo madre si no me duermo. Suena la pajarera. Es inevitable no recordar al abuelo. El viejo incansable. Su sombrero. Las carreras de caballos, su único vicio. Y de cuando conocí las peleas de gallos. Me llevó al palenque a un derby cuando tenía apenas doce años. También iba mi hermano, que ganó cuatro rifas seguidas y el boletero ya no le quiso vender para la quinta del día. Mañana los voy a traer de nuevo nos prometió. Aunque ya no hubo la misma suerte. Recuerdo de cómo nos trepábamos al siempre confiable Ford de redilas, para acompañarlo a los ranchos de la región. Su infinito sentido del humor. Cómo tarareaba mientras manejaba por brechas arenosas para conseguir la res para el día siguiente. A veces me dejaba manejarlo. Nadie de la familia puede desmentir que su casa fue epicentro de los mejores momentos de nuestras vidas: Navidades, Años Nuevos, aniversarios. Lo malo es cuando vienen a la mente los últimos días. La silla de ruedas. Sus ojos apagados añorando a doña Concha. Busco otro canal que me ayude a conciliar el sueño. Me puedo quedar lo que resta de madrugada haciendo memoria, pero prefiero no hacerlo. La programación está invadida de infomerciales. No sé a quién se le ocurre que a esa hora, alguien que no esté oyendo música de banda, va a comprar unos lentes con visión de águila o sartenes a los que no se les pega nada. Quince minutos para que se apague. La última y nos vamos. Alcanzo a escuchar las despedidas y un par de botellas rompiéndose. Menos mal. Esta ciudad tiene algo. A sus habitantes poco les importa que sea lunes. Para desvelar a toda la cuadra no hay día específico. Porque estoy seguro que no soy el único con el ojo pelón.Ya casi dan las cuatro de la mañana. Esta ciudad tiene algo. No le falta ni el gallo que empieza a cantar. Me lleva la chingada.

domingo, 13 de septiembre de 2020

El árbol torcido

El Instituto Maurer se anunciaba en los interiores de La Novela Policiaca, de la cual Nacho era fiel lector. Ahí vio la oportunidad porque entra otras, ofrecía la carrera técnica de investigador privado. Decidió inscribirse cuando se convenció que nunca iba a terminar la prepa y ni soñar en un título universitario, pensó además que eso le abriría las puertas a la Academia de Policía. Convertirse en agente ministerial fue una idea que germinó en su mente a los diecinueve años. A esa edad, en todas las escuelas que asistió había dejado constancia de su bajo rendimiento académico incluso en la última, hubo que agregarle la acusación de sus compañeros de vender mariguana, aunque nunca se lo pudieron comprobar. Fue de esos árboles que nacen torcidos.

Su padre era ingeniero mecánico y falleció durante una explosión en la refinería de Salina Cruz, cuando Nacho apenas tenía 8 años. Su madre ocupaba la semana entre turnos en la clínica del Seguro Social y un hospital privado. Nacho también careció de atención, quizá por ese abandono fue que empezó a tejer amistad con Ruperto, un policía estatal al que todos conocían como “el Almada”, que habitaba un departamento a dos calles de su casa.

De dudosa decencia, El Almada siempre vestía de mezclilla, camisa y botas vaqueras y ni por las noches dejaba de usar  los RayBan para ocultar la nube en el ojo izquierdo. El apodo se lo ganó por que presumía sin recato el revólver calibre 357 como el de la famosa película, que decomisó ilegalmente en su primer operativo. Había iniciado su carrera al servicio de la Ley, como un vulgar informante. Después pasó a “madrina” de un comandante de narcóticos y tuvo que camellar a lo largo de cuatro años para que le dieran su placa y arma de cargo que nunca usaba. Estuvo asignado al sector donde se ubicaba la prepa del Nacho y algunos dicen que era quien le surtía la grifa. Su amistad fue creciendo y el Nacho hasta se permitía asesorarlo, según avanzaba su plan de estudios cuando aquel platicaba de los casos que tenía asignados, como el de la tiendita que un grupo rival instaló en Los Olivos, sin reportarse con el correspondiente pago de piso por lo que tuvo que ir a desmantelarla a punta de metralleta. En esa ocasión cayeron dos puchas y un vendedor de elotes que sin querer iba pasando. En los diarios lo registraron como el principal narcomenudista de la zona y el Almada empezó a ganar notoriedad.

Las ejecuciones se sucedieron un día sí y otro también. Esa tranquilidad que hizo famoso al llamado Puerto de Ilusión se fue al carajo, a causa según la investigación de un medio regional, por la pugna entre facciones de El Cártel por hacerse del territorio y la  venta de drogas. Parecía no tener fin. Las protestas trascendieron de las redes sociales a la calle, algunas más visibles por el hecho de que alguna víctima inocente pasaba a formar parte del ejecutómetro. Primero fueron hechos aislados, después gente que venía de fuera. La Autoridad no atinaba a frenar la escalada de violencia que amenazaba con charpear a los demás municipios. Se están matando entre ellos, declaró sin ningún asomo de vergüenza el Gobernador, que para calmar los ánimos trajo un procurador de brillante currículo, pero de inversa proporcionalidad  a su eficacia. La situación se salió de control.

Ruperto por su parte seguía cosechando triunfos dentro de su carrera policiaca, ascendido a comandante y luego a responsable de la Unidad Mixta de Combate al Narcotráfico, en la que decía poner en práctica las más modernas técnicas de investigación que le proporcionaba su  agente estrella el Nacho, que para entonces había abandonado una vez más sus estudios, pero como pagó por adelantado el curso, le siguió llegando por correo el material con las lecciones, incluso el flamante diploma como Investigador Privado, aunque a decir verdad, siempre se sospechó que trabajaban para la maña y contaban con una extendida red de soplones que les permitió por ejemplo, poner a un jefe de sector con el que rivalizaban, el cual entregaba las cuentas mochas al Subprocurador. El pobre diablo terminó encobijado con un balazo en la frente debajo de un puente de la carretera al sur. También encabezaron varios decomisos importantes de estupefacientes en la Terminal Marítima de Pichilingue, gracias dijo a los medios, al trabajo de inteligencia. La suerte les sonreía, cuando vino el cambio de Gobierno.

El nuevo jefe del ejecutivo, un miembro de la élite empresarial, se había comprometido con su amigo el Presidente -compartieron clases en Harvard- de terminar con la violencia que ya estaba afectando los índices de popularidad. A todos sorprendió el hecho que ratificara al Procurador inútil y su poco exitosa estrategia “Juntos por la paz”. Se estableció el Grupo Coordinado de Seguridad integrado por todas las corporaciones y a las reuniones asistía el Nacho en calidad de asesor del Almada, hasta firmaba como licenciado, que para ese entonces había recibido un par de amenazas, la última una narcomanta en su antiguo domicilio con un mensaje claro: “ya baliste verga almada, asi como traisionas te ban a traisionar. la maña no perdona”. Nunca les dio importancia. Quien sí dio importancia a su nuevo rol dentro de la organización fue el Nacho. En él habían sido delegadas todas las actividades y debido a eso empezó a desplazar a su amigo.

Se necesitaba un golpe mediático para relanzar los esfuerzos del Gobierno en materia de seguridad, por eso le encargaron al Nacho que encabezara el siguiente operativo en Miramar, la colonia con mas ejecuciones. Le envió un mensaje de whatsapp al Almada para citarlo a la hora y lugar donde apresarían al jefe de plaza del sur de la capital. No te olvides de la magnum, cerró el mensaje.

Quince minutos antes de lo acordado, llegó sintiendo adormecidos los dedos de las manos. Raro. Por la mañana al salir de casa, estuvo a punto de dejar la pistola  a la que debía el mote, cosa que nunca había pasado antes. Últimamente se  sentía marginado, engarrotado, casi no tenía acción y en los diarios que antes elogiaban el valor y temeridad para enfrentar al crimen organizado, hoy solo se ocupaban de su ex colaborador y su brillantez científica para dar con los maleantes. Si supieran que ni la pinche carrera de investigador terminó el hijo de la chingada, pensaba el Almada. Ring. El nuevo mensaje lo invitaba a pasar a la casa donde ya tenían armado el cuadro. No tarda en llegar el reportero urbano, apúrate. Confiado bajó de su auto y se encaminó notando la suciedad en las gafas pero no quiso limpiarlos. Abrió la puerta y se percató de los dos cuerpos en el suelo con evidentes signos de tortura y uno más sentado sobre una cama y esposado. Pásale mi compa, esto va a hacer tu consagración con el Procurador. Ni chanza de sacar la 357. El Nacho le descargó cuarto balazos. Su puta madre, el chaleco antibalas se quedó en el asiento de atrás. Cayó dejando al descubierto un ojo izquierdo completamente blanco, señal inequívoca que desde hacía tiempo era inservible. Acomoden todo antes que caigan los de la prensa, gritó la voz al mando.

Murió en cumplimiento del deber. El jefe de la UMCN resultó con heridas mortales, al enfrentarse con una célula de El Cártel, durante operativo donde se logró la detención de tres presuntos delincuentes además del decomiso de una importante cantidad de droga, armas y dinero en efectivo. Ese fue el boletín que se emitió por parte de la autoridad. Tuvo un sepelio de héroe. Pinche Almada, que te costaba jugarnos limpio, pensaba el Nacho mientras hacía la clásica guardia de honor.

Al día siguiente, el Procurador tomaba protesta al nuevo jefe de la Unidad. Estoy seguro que brindará su máximo empeño para honrar la confianza que le deposita el señor gobernador concluyó su discurso. Sí protesto, exclamó con voz firme, mientras levantaba la diestra, dejando ver debajo del saco, la cacha de un revolver 357. Fue un árbol que nació torcido.

Olvido

  Apenas descubro la aurora de tus promesas falsas, un vaho de melancolía empaña la ventana por la que contemplo el jardín aquel, donde ...