Mis rivales son extraños
Será que convives más con ellos.
Todo el tiempo cantan,
bailan, te divierten, los sigues
embobada sobre la pantalla,
a pesar del regaño de tu madre
mientras me consuela a la distancia.
Mis rivales son fuertes,
pero se rinden cuando vamos al parque
y corres para ganarme el columpio,
se someten al pasearte en bicicleta
llenándonos de sol y helado de vainilla.
Son feroces rivales,
sin embargo capitulan bajo los trazos
multicolores del caballete
alquilado cualquier tarde de domingo.
Alardeo como los dejo humillados
sin esperar contrataque.
Al menos hasta terminar las pompas de jabón
mientras cuentas del uno al diez.
Esos rivales, aguerridos como pocos,
sucumben cuando moldeo para ti
un corazón de plastilina.
Júbilo siento por verlos vencidos
ante la humeante sopa de letras,
sometidos al fresco chapuzón
en la alberca inflable.
Son mis rivales,
sin embargo me uno a su bando
cuando llega la hora de dormir.
Comparto la cobija con los unicornios
para arrullarte entre nubes
con el niñito Jesús.
Tengo que claudicar unas semanas
para trazar nuevas estrategias.
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