martes, 3 de noviembre de 2020

Viggé Biaundó

En la tierra elevada

que domina el valle

dejaste valiente Ugarte

además del hollejo,

sembrada la fe

regada con vino misional.

 

El triunfo de la Cruz

en la ardiente California,

nos legó la piedra labrada,

entre acantilados

y uva cimarrona.

Zafio

Punzante la voz,

turbios los pensamientos.

De tan generosos labios

se ofrece al catador,

embriagante bouquet.

 

Enseguida el ataque,

con caricias vulgares

en lo más estrecho de la mente

y lo más volátil del cuerpo.

 

El reposo como nota final

ya fermentadas las sábanas,

con la plena certeza

que valdrá la pena la resaca.

Sirena

 

«Qué buen insomnio si me desvelo sobre tu cuerpo.»
Mario Benedetti

 

 

Se retrae lentamente la marea. Con la profusa luz alcanzas a percibir su enigmática silueta, varada y un tanto triste. En la rompiente de la ansiedad, te encuentras rogando a Neptuno que no haya salvavidas esta vez. Ya no te importa sucumbir. Te han platicado tanto sobre ella y su hipnótico arrullo.  A los viejos lobos de mar no logra enganchar pero a ti -apenas ayer eras grumete- te seduce enseguida te decides a abordarla. El miedo que sentías al iniciar la odisea ella lo transforma en deleite. Su dualidad ángel-demonio, que torna en un verdadero aposento la habitación del hotel de mala muerte donde dispensa caricias por seiscientos pesos la hora. Sorpresivamente pasas de victima a victimario y no te importa prolongar previo desembolso, un par de sesiones más. Así la aventura concluye, al menos hasta la próxima quincena, sirena de tierra.

Águeda, la ballenita greñuda (Raúl Antonio Cota)

 

La  ballenita  niña,

de  abundante 

y  revuelta  cabellera,

le  solaza  nadar

y  desplazarse 

alegremente

en  la  bahía

                                                              

¿Quién  es  esta  diminuta  ballena

Que  cruza

El  inmenso  mar

Y casi  se  pierde  entre  los  pliegues  de  las  olas?

 

Casi  pez,   casi  niña,                          

entre  la  agitación  frecuente

de  su  cabellera   

que  brinda  marco  a  la  carita

y  al  pequeño  bulto  de  su  cuerpo.

 

Peces  y  otros  amigos,  mamíferos  marinos,

la  visitan  con  frecuencia.

Tal  y  como  lo  hace  delfirena,

quien  une  en  su  entidad  corpórea

la  inteligencia

y  agilidad  de  los  delfines,

al  fascinante  atractivo  de  las  sirenas.

Juntas  viajan 

a  las  inmensas  cordilleras  submarinas

para  escuchar   el   canto

de  la  ballena  jorobada,             

como  cadencia  sonora  entre  los  astros.

 

                Va  la  ballenita  niña,

                La  ballenita  greñuda,

                De  viaje  y  exploración.

 

Por  los  cristales  del  agua

Se  repite  una  canción:

Soy  un  verso,

Soy  un  beso,

Soy  un  largo  fulgor   verde

           Soy  un  verde  fulgor  de  agua,

 

Que  viste  cantos  marinos

en  su  diminuta  piel.

Olvido

  Apenas descubro la aurora de tus promesas falsas, un vaho de melancolía empaña la ventana por la que contemplo el jardín aquel, donde ...