que domina
el valle
dejaste
valiente Ugarte
además del
hollejo,
sembrada la
fe
regada con
vino misional.
El triunfo
de la Cruz
en la
ardiente California,
nos legó la
piedra labrada,
entre
acantilados
y uva
cimarrona.
que domina
el valle
dejaste
valiente Ugarte
además del
hollejo,
sembrada la
fe
regada con
vino misional.
El triunfo
de la Cruz
en la
ardiente California,
nos legó la
piedra labrada,
entre
acantilados
y uva
cimarrona.
Punzante la voz,
turbios los pensamientos.
De tan generosos labios
se ofrece al catador,
embriagante bouquet.
Enseguida el ataque,
con caricias vulgares
en lo más estrecho de la mente
y lo más volátil del cuerpo.
El reposo como nota final
ya fermentadas las sábanas,
con la plena certeza
que valdrá la pena la resaca.
«Qué buen insomnio si
me desvelo sobre tu cuerpo.»
Mario Benedetti
La ballenita niña,
de abundante
y
revuelta cabellera,
le solaza nadar
y desplazarse
alegremente
en la bahía
¿Quién es esta
diminuta ballena
Que cruza
El inmenso mar
Y casi se pierde
entre los pliegues
de las olas?
Casi pez, casi niña,
entre la agitación frecuente
de su cabellera
que brinda
marco a la
carita
y al pequeño
bulto de su
cuerpo.
Peces y otros
amigos, mamíferos marinos,
la visitan con
frecuencia.
Tal y como
lo hace delfirena,
quien une en
su entidad corpórea
la inteligencia
y agilidad de
los delfines,
al fascinante atractivo
de las sirenas.
Juntas viajan
a las inmensas
cordilleras submarinas
para escuchar el
canto
de la ballena
jorobada,
como cadencia sonora
entre los astros.
Va la
ballenita niña,
La ballenita
greñuda,
De viaje
y exploración.
Por los cristales
del agua
Se repite una
canción:
Soy un
verso,
Soy un
beso,
Soy un
largo fulgor verde
Soy un
verde fulgor de
agua,
Que viste cantos
marinos
en su diminuta
piel.
Apenas descubro la aurora de tus promesas falsas, un vaho de melancolía empaña la ventana por la que contemplo el jardín aquel, donde ...