Punzante la voz,
turbios los pensamientos.
De tan generosos labios
se ofrece al catador,
embriagante bouquet.
Enseguida el ataque,
con caricias vulgares
en lo más estrecho de la mente
y lo más volátil del cuerpo.
El reposo como nota final
ya fermentadas las sábanas,
con la plena certeza
que valdrá la pena la resaca.
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