«Qué buen insomnio si
me desvelo sobre tu cuerpo.»
Mario Benedetti
Se retrae lentamente la marea.
Con la profusa luz alcanzas a percibir su enigmática silueta, varada y un tanto
triste. En la rompiente de la ansiedad, te encuentras rogando a Neptuno que no
haya salvavidas esta vez. Ya no te importa sucumbir. Te han platicado tanto
sobre ella y su hipnótico arrullo. A los
viejos lobos de mar no logra enganchar pero a ti -apenas ayer eras grumete- te seduce
enseguida te decides a abordarla. El miedo que sentías al iniciar la odisea
ella lo transforma en deleite. Su dualidad ángel-demonio,
que torna en un verdadero aposento la habitación del hotel de mala muerte donde
dispensa caricias por seiscientos pesos la hora. Sorpresivamente pasas de victima
a victimario y no te importa prolongar previo desembolso, un par de sesiones
más. Así la aventura concluye, al menos hasta la próxima quincena, sirena de
tierra.
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