Un niño derriba el panal de las palabras,
revolotean en sus labios afanes,
con el bullicio recién descubierto se empalaga,
sin el temor a los aguijones del silencio.
El niño rompe la cerca que lo recluye,
brío de escasos años que ahora
cabalga en el campo minado de flores,
a pesar del inicio tambaleante.
El niño inunda con risas la senda
que lo lleva hasta la fuente de vida
calor de sol que lo aviva,
calor de madre que lo arropa.
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