El invierno es ideal para volver
a esa calle añeja de nostalgia.
Caminar de nuevo por banquetas
carentes de prejuicios, mientras
el polvo se asienta en añoranzas
de juegos infantiles y regaños
de mamá por llegar tarde.
Ecos de canciones que alegran
al vecino de acento tropical
mientras la agónica tarde
se rebosa de olor a café colado.
La calle y sus inquilinos,
seres de cabello hirsuto
y rodillas laceradas, son
la extensión de tu familia.
El invierno ya se acerca
pero ahora los nietos
se inhiben ante ese venero
de aventuras que es la calle.
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