Ejercicio realizado para el taller de creación y análisis literario "La Serpiente", sobre una noticia relevante. Elegí una que sacudió a México entero. Un adolescente de un colegio privado de Monterrey, disparó sobre sus compañeros y maestra Un estudiante dispara sobre sus compañeros, para después pegarse un balazo que terminó con su vida.
El Colegio.
Había terminado de
cepillarse los dientes. El sabor de la menta le resultaba muy desagradable,
pero al parecer a mamá no le importaba cuando le pedía de otra marca cada que
iba al súper. Se secó las manos y dejó tirada la toalla en el piso a manera de
venganza e imaginó el coraje cuando ella entrara para limpiar el baño. Ya te he
dicho mil veces que la pongas en el cesto, le gritaría al regreso. Un día antes
había dejado en el excusado una muestra pestilente de sus evacuaciones, en
represalia por la enésima negativa al cambio de escuela. Dos semanas sin el
Xbox fue el castigo.
Regresó a la
habitación y fue hasta el escritorio para apagar la computadora, pero cinco
notificaciones en su muro de Facebook hicieron que su rostro adquiriera una
mueca que iba más allá de la rabia. Aún así entró. Una imagen de uno de los
enanos de Blanca Nieves fotochopeada con
su rostro más los comentarios burlescos, todos compañeros de clase. No
soportaba que le llamaran zotaco o
tapón de alberca. Tampoco había hecho el intento siquiera de bloquearlos, como
a diario le aconsejaban otros a quienes si consideraba amigos. Si los elimino,
se me olvidarán todas las cosas que me hacen, era su pretexto.
Vinieron a su mente
los actos de acoso y bullying
sufridos desde que lo inscribieron en ese maldito colegio. La vez que lo
amarraron a un árbol durante el recreo para fusilarlo a pelotazos, después lo
metieron al contenedor de basura y lo hicieron rodar por las escaleras de
edificio de Dirección o cuando lo desnudaron para hacerlo correr dentro de la
Biblioteca. Son juegos de jóvenes inquietos, no se preocupe lo vigilaremos con
extremo cuidado, había dicho la trabajadora social a su padre la única ocasión
que acudió a denunciar los hechos.
Otro grito de la madre para anunciarle que ya estaba listo el carro, que se apurara. Dejó un mensaje en su muro y lo cerró para luego ir hasta el clóset. La rabia se esfumó dando paso a un sosegada sonrisa. Tomó la 22 y la metió a la mochila. No quiero llegar tarde.
A veces no vemos las señales, estamos tan inmersos en nuestro día a día, que simplemente las ignoramos...
ResponderEliminarNo hay que descuidar a los hijos en estos tiempos tan bizarros amigo Padilla.
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