Inundas de piel mis ojos
-de piel y de bragas-
Sugerente atisbo a
una intimidad lejana
que domina al
insomnio. Mientras la seda
se reprime a una
caricia, el bermellón de unos labios
deja escapar un
mensaje velado.
La travesía me
acobarda, nunca he sido
el más bizarro
expedicionario, pero
franquear la aduana apetece…
tan difícil contener la avidez que me lleva a delinear
lo majestuoso de tus senderos.
Me sitúo en el centro
de tu ser y aunque la brújula
siempre indique el norte
(cálido y promisorio),
la razón exige tomar dirección
a la antípoda
donde la promesa es
no morir de sed.
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