¿Qué fue
lo que pasó? Una pregunta que salía sobrando. Asombraba la sagacidad del agente
de la Policía Judicial, al ver el bochito sobre tabiques y sin una sola llanta.
Poca duda dejaba, al menos para nosotros, que esa noche nos habíamos desvelado
estudiando y ni cuenta nos dimos del atraco. Fue hasta que el Cheo, que entraba
a clases a las siete de la mañana, entró a la habitación gritando para avisar
el suceso.
Apenas
un par de meses atrás, habías comprado los rines de aluminio que le daban un
aspecto deportivo al siempre austero escarabajo alemán. Vamos en chinga a
presentar la denuncia. Noté una mueca de desinterés de tu parte. No era de a
gratis la desconfianza hacia la Autoridad. Con la clase de preguntas del agente
policiaco se reafirmaba la razón de la negativa de acudir al Ministerio Público.
Nunca resuelven nada esos cabrones, me recalcaste. Solo me van a sacar dinero.
Ver tu cara e imaginar el coraje por tal perjuicio. Al rato vienen los peritos
para levantar las huellas, por favor no vayan a salir. Si cabrón, ahorita nos
vamos en chinga en el carro, pensé. Se fueron no sin antes pedir para la
gasolina. Te dije guey, solo a eso vinieron, por lana. Y tan blandito que eres,
te dicen el pan Bimbo. Reímos. Ya con más calma, agradeciste que al menos no
hubieran roto una de las ventanillas para robar también el estéreo, la maleta
con tus arreos del beisbol o la bolsa del Arámburo donde estaba tu colección de
cassetes, tan variada en géneros musicales que incluía lo mismo a Los Beatles
que al Gallo Elizalde ¡porque eran tus pinches gustos chingado!
Según
que era una colonia apacible donde nunca pasaba nada. La única intranquilidad
hasta entonces, era olvidar cerrar la puerta del frente y que Luis, el vecino
con Síndrome de Down, te pegara un escobazo al verte dormir en el sillón de la
sala. Varios meses después de aquel suceso, llegamos a la conclusión que no era
ni tan tranquila. Otra vez el aviso del Cheo, ahora por teléfono, que se habían
metido a robar por la puerta trasera del departamento. Nadie vio ni escuchó
nada. A mí prácticamente me dejaron con lo que traía puesto. A ti te fue mejor,
no se llevaron tus botas vaqueras ni la bolsa con los uniformes sudados de
beisbol. ¿Ponemos la denuncia? Ni madres, mejor vamos a dar una vuelta al
malecón y sirve que seguimos buscando los rines del bocho. Ni pedo cabrón
fueron las palabras correctas para animarme. Hay que pasar al depósito de El
Compa por unas ballenas. Pero píchalas porque me quedé sin quinto y tú acabas
de llegar del Valle. ¡Te dicen el pan Bimbo!
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